Tal y como prometí, recuperamos para este mes de abril una
de las películas rememoradas por Xisca aquél verano del 2008 y que me había visto obligado a saltarme en
este blog por la falta del material en video. Afortunadamente pude contactar
con el mismísimo Jacobo del videoclub de San Chinarro, toda una eminencia de títulos
descatalogados del cine de todos los tiempos y me facilitó las películas que me
faltaban. Así pues, solventado ese bache y siguiendo el orden cronológico de la
sección volvemos a aquél 1 de septiembre de 2008, en el cual Xisca y Paco Tomás
despedían la sección “Xisca de Verano” rememorando su primer músical, nada que
ver con Broadway ni el West End, una de las multiples películas de Mariano Ozores
en 1978...
En ella, nos trasladabamos a Estepona para conocer a la
tripulación del barco pesquero “El Gaviota” compuesta por Manolo (Escobar) y otros
tres tripulantes: Cosme, Hilario y Marcial (Alvaro de Luna, el entonces famoso “Algarrobo”
de la serie Curro Jimenez).
Ya desde el comienzo, al regresar de faenar, nos encontramos
con la primera de las mujeres que están coladitas por Manolo: Salomé (Mayra
Gomez Kemp), la rubia propietaria de uno de los bares del pueblo, que llega a
tiempo para quedarse con todos los calamares pescados, soltarle unos cuantos
piropos al capitán e invitarles a todos a tomar algo en su local.
Allí conocemos a una de las mujeres (Mirta Miller) que, como
en toda película de los 70 que se preciase, ejercía la profesión más antigua
del mundo –y la preferida en las películas de Xisca. Tras contonearse un poco
para los marineros, Silvia… o Emmanuele, como la llamaba Manolo, se marcha y
les deja muy preocupados por una noticia que afectaría a su futuro profesional,
ya que el propietario del pesquero ha muerto y el barco pasa a manos de sus
herederos, que lo quieren vender.
Manolo no está dispuesto a quedarse en el paro, así que muy
decidido va a reunirse con los herederos en la piscina del pueblo, un lugar
donde al parecer es de lo más normal que dos señores se tomen un refresco
vestidos de riguroso luto con sus trajes y sus corbatas, así que Manolo se
confunde. Una vez aclarado el malentendido y sentado en la mesa de uno de los
verdaderos herederos, Don Felipe (Manolo Gómez Bur), descubre que la heredera de “El Gaviota” es su
sobrina, Andrea (Sara Lezana) y confirma su intención de venderlo por no ser
rentable.
La primera conversación con la heredera no ablanda su corazón
y parece decidida a venderlo, así que la gran Gracita Morales, deja bien claro
cual sería su contundente opción para quitarle la tonteria a la “niñata” y
solucionar sus problemas. También en esa misma escena, mientras arreglan las
redes en la playa, nos enteramos de que Gracita es la esposa de Marcial y de
que lo que la enamoró para casarse con semejante bruto fue su similitud con un
arbol que empieza por Al… ¿Algarrobo tal vez? Noooo, sería un chiste demasiado
facil… incluso para Ozores, y él era un genio de la comedia española, no lo
olvidemos.
Intentando convencer a la morena y “buenorra” heredera,
Manolo la invita al bar de Salomé y se arranca con una de sus canciones, que
para algo esta película era un musical, en una escena con alta TSNR, o sea,
tensión sexual no resuelta, ya que recordemos que la rubia Mayra estaba coladita
por Manolo y oirle cantar “Una niña morena me vuelve loco, me vuelve loco…”
como que a la que vuelve loca es a Mayra.
Llegados a este momento culminante de la acción, y como
Xisca estaba limitada a 7 u 8 tracks en sus rememoraciones, se veía obligada a
resumir lo que ocurría y pasar al emocionante final.
Y nos enterábamos de que Manolo conseguía camelarse a la
heredera, que su tío se quedaba con la despechada Mayra con un dialogo digno de
un Goya y que todos contentos, a salvo del desempleo y con “El Gaviota” en
manos de una nueva patrona, lo celebraban a bordo.
¡CHAN CHAN!







